“La
tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo…”
Por
encima de todo observaba sigilosamente la calma de las aguas; sin embargo, tenía
una sobrecarga de emociones y pensamientos que giraban en torno a su existencia,
jamás se había estrangulado con tantas preguntas, y si bien es cierto que había
respuesta para cada una de ellas, ésta vez no le importaban, aquella criatura
que volaba sin rumbo se había entregado sin censura a las fauces del abismo
prohibido.
La
maravillosa sensación de sentirse vivo le provocaba un flujo de visiones oníricas
al grado de hacerle recordar los vestigios de sus vidas pasadas. Jamás pensó
que el traspasar las barreras marcadas por la superioridad divina le causase
tanto deleite. El resplandor de su encuentro transformaba su dolor en un sutil
placer que embriagaba, qué importaba ya el saber el objetivo de su creador si éste
había encontrado su mágica individualidad. Nunca estuvo tan claro todo, hasta
el mismo sendero etéreo que cruzó para encontrarse con su “yo”.
Fue
demasiado, pero necesario. De aquí en delante nada fue igual, mejoró en una
dimensión cuántica indescriptible.
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